Palabras desde la selva hacia el mar

Adolescentes del pueblo Mbya Guaraní

Alexander (12) y Celene (17) son dos adolescentes del Pueblo Mbya Guaraní, que viven en comunidades de la provincia de Misiones. Ambos fueron finalistas de los Juegos Culturales Evita 2022, en rubros literarios. Esto les permitió viajar a Mar del Plata, donde conocieron el mar. Detrás de sus textos, habitan historias y paisajes propios de una cultura en resistencia.

Por Sergio Alvez

(APe).- En la cosmovisión mbya guaraní, la idea de literatura se asemeja más bien a relatos orales que al objeto libro. Son voces ancestrales, que emanan en la selva, junto a un fogón comunitario, y que transitan en el tiempo, trazando en la memoria de las audiencias, senderos que explican aspectos esenciales, de pertenencia, como la creación del mundo, la importancia vital de la naturaleza o el devenir de la humanidad. Así, existen cientos de historias que al circular en esta danza intergeneracional, sostienen y resguardan del olvido, a aquellas narraciones que dan sentido –junto a otros elementos- a esta cultura indígena, cuya presencia en Argentina es predominante en la provincia de Misiones, donde habitan casi quince mil personas pertenecientes al Pueblo Mbya. 

Sin embargo, los procesos de escolarización de las infancias mbya a través del sistema de Educación Intercultural Bilingüe, propician la adquisición, por parte de las niñas y niños guaraníes, de herramientas que les permiten plasmar las expresiones literarias –y orales- propias de su cultura y su idioma, en textos escritos en castellano, que pueden ser leídos y disfrutados por la sociedad no indígena. Al mismo tiempo, el estímulo de la escritura creativa, que se da tanto en la escuela como en la propia comunidad, está dando lugar a producciones literarias escritas por jóvenes mbya, en guaraní y español, que vienen a dotar de una nueva corporeidad a la antigua práctica narrativa de su cultura.

Alexander Villalba (12), de la comunidad Yvyrá Poty , y Celene Cabrera (17), de la aldea Perutí, fueron seleccionados este año para participar de la instancia final de los Juegos Culturales Evita 2022, en distintas categorías literarias.

 Ninguno de los dos había salido antes de la provincia. La selección les permitió viajar a Mar del Plata, donde vivieron una experiencia inolvidable. Conocieron el mar, participaron de talleres literarios y compartieron su arte con pibes de todo el país.

Ambas historias, unidas por la escritura y la existencia en pleno contacto con la naturaleza, entrelazan realidades, sueños y una lucha que los precede: defender el territorio y los derechos de su pueblo.

La primavera de Alexander

Que contento estoy / ha llegado la primavera / Todo está radiante/ todo brilla más / Yo sólo tengo ganas de cantar /Todo florece a mi alrededor / todos somos iguales ante Dios / Mi lugar es especial / acá la primavera acaba de llegar.

Alexander Villalba, 14 años.

El fragmento del poema «Primavera», con el cual Alexander Villalba ganó un premio en la categoría Poesía Sub-15 de los Juegos Culturales Evita 2022, fue escrito en el aula de la Escuela 913, que funciona dentro de la Comunidad Mbya Yvyrá Poty, en el municipio de Puerto Rico.

Con diáfana sencillez, el alumno de séptimo grado talló palabras que pudieran dar cuenta de su alegría ante el arribo de la estación de las flores, que en el monte, tiñe de colores cada rincón. «Quería escribir sobre las cosas que me gustan. Y me salió esto. Cuando llega la primavera, acá ya hace mucho calor, y podemos nadar en el arroyo, juntar flores y frutas, paseamos con mis amigos por el monte» cuenta Alexander.

En Ivyra Poty, viven 83 personas, de las cuales la mayoría son niños y adolescentes. «Cuando vinieron a decirnos que Alexander había sido elegido para ir a Mar del Plata, como él vive con sus abuelos, consultamos al cacique de la comunidad, y todos estuvimos de acuerdo en que él tenía que hacer ese viaje, porque tenía derecho a lo mismo que los demás chicos del país. Fue un orgullo y una alegría enorme» cuenta Alicia Villaba (40) cacique segunda de la aldea y tía del pequeño Alexander.

La comunidad cuenta con cinco hectáreas dentro del Monte Seguín, un área de 300 hectáreas dentro del Sistema de Áreas Naturales Protegidas de la provincia, que bordea el río Paraná. «Nosotros cuidamos este lugar. Es un lugar sagrado, como toda selva. Para nosotros, el monte, y la naturaleza son parte de la cultura. No existimos sin la selva, sin el territorio. Y los niños aprenden eso desde temprana edad» afirma Alicia.

Maíz, poroto, banana, mandioca, cítricos, tabaco, girasol y otros cultivos, abastecen a la comunidad y son el sustento diario que se complementa con la venta de artesanías (canastos, pipas, collares, etc).

Alexander sonríe al recordar su encuentro con el mar. Dice que al principio sintió algo de miedo. Pero pudo tranquilizarse y meterse. Sus amiguitos lanzan carcajadas cuando él les cuenta cómo las olas te atropellan hasta tumbarte. Todos estos niños y niñas integran un coro que participa del «Tangará», una ceremonia mbya que incluye cantos, danza e instrumentos propios, y que se realiza al caer el sol. 

El año que viene, Alexander debe empezar la secundaria. Pero el problema es que la comunidad no cuenta con escuela secundaria. «Es un tema que nos preocupa mucho y que estamos gestionando. Nuestros niños son felices acá. Están tranquilos y seguros. Pero fuera de la comunidad, en el mundo blanco, por así decirlo, se sienten indefensos, y tienen miedo a la discriminación. Por eso esta experiencia que tuvo Alexander fue muy positiva, pero no significa que todo es lindo cuando nuestros chicos salen de la comunidad» dice Alicia.

Celene y un relato con mensaje ambiental

Sobre la ruta nacional 12, a la altura del municipio El Alcázar, hay un cartel de buen tamaño en la entrada de un camino de tierra empinado entre el monte: Comunidad Perutí. Aquí viven más de 200 familias, en un territorio de 588 hectáreas, bendecido por la presencia del arroyo Paranay Guazú, pero donde la biodiversidad se ve continuamente amenazada por la extracción ilegal de «madera nativa» y la caza furtiva de especies autóctonas. Consciente de estas amenazas a la selva, que es su hogar y el de su comunidad, Celene Cabrera (17) escribió «El mono y el cazador», relato escrito con el cual ganó la categoría Cuentos Sub-18 de los Juegos Culturales Evita 2022.

Celene Cabrera, 17 años

«Desde muy chica escucho los cuentos de mis abuelos. Y desde hace un tiempo escribo historias mías. Escribo en guaraní y en castellano. Y cuando me invitaron a participar en los Juegos Evita, elegí un cuento que para mí es especial, porque habla del peligro que corren los animales en el monte, por la acción del hombre que los caza» cuenta Celene, quien acaba de pasar al quinto año de la Escuela de la Familia Agrícola de Caraguatay, cuyo anexo funciona en la Comunidad Perutí.

El mono y el cazador, el cuento con el que Celene llegó a los Juegos Evita.

«Yo nací y viví toda mi vida acá. En la selva conocí al yaguareté, vi muchos pumas, pájaros de todo tipo, monos, tatús, y muchísimos animales. Pero últimamente ya no se ven tantos. Los animales van desapareciendo y eso es algo que no debemos permitir» sostiene la joven.

En su caso, estando ya en Mar del Plata, frente al océano confiesa entre risas, que se sintió «bastante aterrada». Pero, prosigue, «agarré una piedra de la playa, y a través de ella le hablé al mar, pidiendo permiso y que no me hiciera daño. Después me metí al agua y pude disfrutar de algo que sólo había visto en fotos y películas».

Dentro de un año, Celene estará finalizando sus estudios secundarios. Ya sabe lo que quiere cuándo llegue ese momento. «Mi papá siempre quiso ser arquitecto, pero no pudo estudiar. Yo sé que pronto voy a tener esa oportunidad y también pienso estudiar arquitectura, porque me gusta y quisiera aplicar esos conocimientos en mi comunidad. Voy hacer el mayor esfuerzo para conseguirlo» asegura.

Sobre su afición a la escritura, Celene confirma que la experiencia de participación en los Juegos Evita, fortaleció su motivación para seguir escribiendo y algún día poder publicar un libro con sus relatos. «Quiero que nuestra cultura permanezca. Y los jóvenes, tenemos mucha responsabilidad para que eso suceda. Nuestros ancestros ya hicieron lo suyo. Ahora nos toca a nosotros».

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