«Quisiera saber qué se siente cuando hay justicia»

Rosa Santillán, la hija del hombre secuestrado por el represor del placard 

En agosto de 1976 Jorge René Santillán, militante político y sindical, fue secuestrado y asesinado en el norte salteño. El único represor encausado está en prisión domiciliaria. Para la hija de la víctima, esa decisión implica que no hay justicia.

Por Elena Corvalán

Imagen: Jorge Santillán cuando era concejal de General Mosconi.

El día después de Navidad la familia del militante peronista y gremialista Jorge René Santillán, víctima de la última dictadura cívico militar, recibió la mala noticia de que uno de sus secuestradores y asesinos obtuvo el beneficio de la prisión domiciliaria

Rosa Santillán, que tenía ocho años cuando su padre fue secuestrado en General Mosconi, el 10 de agosto de 1976, lamentó la concesión de la domiciliaria al teniente coronel retirado Carlos Ignacio «Calele» Cialceta, que estuvo prófugo durante siete meses. El beneficio le fue otorgado por la jueza federal de Garantías Nº 1 de Salta, Mariela Giménez, «en base a estrictas razones humanitarias», según consignó en su resolución. ´

Cialceta ha sido reconocido como uno de los cinco hombres que en agosto de 1976 sacaron violentamente a Jorge Santillán de su casa, a la vista de su familia, y se lo llevaron para luego asesinarlo. Restos de su cuerpo, destrozado por una explosión, fueron encontrados al día siguiente en un camino vecinal. 

Ayudado por su mujer, Irma Yolanda Prado, y su hija Rosa, Jorge Santillán opuso resistencia a sus secuestradores. Por dos horas la familia luchó contra la patota armada, primero dentro de la casa y después en la vereda. En esas circunstancias Rosa fue sujetada por uno de los secuestradores, en una reacción desesperada ella le arrancó el pasamontañas y descubrió el rostro de Cialceta. También su madre alcanzó a verlo antes de que los hombres consiguieran vencer la resistencia familiar, subieran a Jorge Santillán a un vehículo y salieran en dirección a la ciudad de Tartagal, más al norte. 

Como ocurrió en gran parte de los crímenes cometidos en el marco de la represión estatal, por muchos años la familia de Santillán creyó que jamás podrían esperar un avance en la investigación. Hasta que Cialceta pudo ser identificado y, finalmente, después de permanecer siete meses prófugo, fue detenido el 12 de noviembre de 2021, en una casa ubicada en el centro de la ciudad de Salta, donde miembros de la Gendarmería Nacional lo encontraron escondido en un placard

El represor que había evadido físicamente a la justicia por siete meses desplegó entonces otra estrategia, apuntó a ser declarado inimputable o al menos obtener la prisión domiliaria, que finalmente consiguió. 

Poco después de enterarse de esta novedad, terrible para su familia, Rosa Santillán se interesó por el juicio a los ocho rugbiers acusados por el asesinato del joven Fernando Báez Sosa, en Villa Gesell. Compungida, escribió un texto sobre ese hecho y el crimen de su padre, que envió a Salta/12: «Con mucho dolor veo en el noticiero el juicio a ocho asesinos, el tan terrible dolor de sus padres, y a la vez, veo tantas similitudes, pero gracias a Dios, dentro de ese inmenso dolor veo que tuvieron un privilegio que nosotros no», comenzó. 

La similitud es que en ambos casos se trató de un ataque grupal artero, contra personas indefensas. «A mí papá lo golpearon entre cinco y uno que esperaba en el auto en el que se lo llevaron, nosotros sí vimos como lo golpeaban con esas armas, en su cabecita y por todo su cuerpito, tanta sangre, y nosotras ahí con mi mamá luchando para soltarlo, tratando que lo dejen, que ya no le peguen; mi mamita con 32 años, yo con ocho, mi hermano con siete miraba tan asustado y cerraba sus ojitos debajo de la mesa, mi hermanita de cuatro años que la tenía mi abuelita de 52, y la bebé, mi hermanita bebé de tres meses, ellos eran seis armados, contra una familia que tan sólo luchaba por amor», recordó. Y añadió que le ruega «a Dios que la mamá de Fernando no haya visto los videos de como le pegaron a su hijito porque es algo que jamás se borra y duele, duele mucho cuando se recuerda».

El privilegio, si es que puede haber uno en un hecho tan terrible, dijo, es que el padre y la madre de Fernando Báez pudieron «abrazar, acariciar y llorar sobre ese cuerpito», en cambio «nosotros no, porque tan sólo encontramos la mitad de su cuerpito, lo reconoció mi mamá, nosotros no lo volvimos a ver más». El «privilegio» de la madre y el padre de Fernando, dijo, es que ven a sus atacantes «detenidos y juzgados y dentro de muy poco condenados. Nosotros no, el único detenido, el represor del placard, hoy está en su casa con prisión domiciliaria, y contra los otros no hay pruebas, contra el asesino y cobarde que se escondió en el placard cuando fueron a detenerlo, sí porque en el forcejeo para que no se lleven a mi papá le saqué la máscara con la que se escondía», recordó, y pidió que se la comprenda cuando siente que «estos papás tuvieron el ‘privilegio’ de tener el cuerpito de su hijo». 

Sobre la domiciliaria a Cialceta, contó que el 29 de diciembre, cuando el represor ya estaba en su casa, ella fue a Tribunales «para luchar de nuevo, para que vuelva al lugar que le corresponde porque es un asesino«.

«Él compartió la mesa de fin de año con su familia», mientras que  «en mi casa, en mi familia hace 47 años ese lugar está vacío, el lugar de mi papá, y va a seguir así, sin él. Gracias a Dios, que ellos (el padre y la madre de Fernando Báez) sí van a tener justicia, y que todos están presos en la cárcel que les corresponde estar por ser asesinos». En cambio, «Yo estoy esperando que el represor del placard Carlos Ignacio Cialceta vuelva a la cárcel a esperar su juicio, algo que no hizo con mi papá, lo mataron». «Ayúdenme a que se sepa, porque hoy tenemos más justicia si los medios de comunicación dan a conocer los casos y si la gente apoya para tener justicia. El dolor es para siempre, quisiera saber qué se siente cuando hay justicia«, pidió. 

En noviembre de 2021, poco después de la detención de Cialceta, Rosa Santillán habló por primera vez del crimen de su padre. Entonces sostuvo que el represor «destruyó a una familia completa, no tan solo a los que vivíamos en la casa, fue a toda la familia completa”. Ya en aquel momento llamó la atención sobre la estrategia defensiva del militar retirado de presentarse como una persona con problemas de salud mental. Vivió 46 años «sin ningún problema y de repente porque está preso tiene problemas psiquiátricos», descreyó. Y concluyó: «Si él se va a su casa, para mí no hay justicia»

07/01/23 Salta/12

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