Trump, Biden y dos postales desde Dachau

Por Maciek Longin Wisniewski

  1. Corrían finales de 2016, Trump ganaba (inesperadamente) la presidencia de Estados Unidos y yo siguiendo y haciendo (bit.ly/3ui9ZsD) comentarios al respecto –todo en medio de predominantes comparaciones históricas de que «viene el nuevo Hitler», «fascista», que «igual que los nazis va a construir los campos»–, hacía igual un descubrimiento peculiar: una postal de mi abuelo, Longin (del cual heredé el segundo nombre), que se le permitió mandar a mis bisabuelos en 1942 desde Dachau, uno de los primeros y más grandes campos de concentración nazis (véase: bit.ly/480sBLy)
  2. Acabó allí arrestado en 1940 como parte de una gran acción represiva de la Gestapo local de Łódź (Litzmannstadt) contra los jóvenes polacos. Construido en 1933 en un pueblo cerca de Múnich, Dachau era un experimento crucial para la expansión de l’univers concentrationnaire nazi sirviendo primero para enemigos políticos y judíos alemanes para crear un clima de terror y (aun) forzarlos a emigrar. Al estallar la guerra se volvió un «campo polaco», siendo estos el más numeroso grupo étnico allí.
  3. Por alguna razón, la postal nunca llegó a sus destinatarios –aunque sus papás sí han vuelto a ver a mi abuelo que sobrevivió seis años y fue liberado en Dachau por las tropas estadunidenses– y hoy está en una colección de la Universidad McMaster en Canadá. No sé si había otras, nunca las he visto entre los papeles familiares; pero en aquel momento su descubrimiento me sirvió tanto para reconectar con una historia que conocía, pero de la que no se hablaba mucho, como para pensar en Trump.
  4. ¿De veras el nuevo presidente –conocido por su retórica xenófoba y antinmigrante– iba a construir un «nuevo Dachau» o «nuevo Auschwitz» en la frontera con México? ¿De veras eran los mexicanos, como insistía el eminente antropólogo Marshall Sahlins, «los judíos de Trump»? (bit.ly/3ufos8T). Me quedé pensando qué habría pensado mi abuelo de estas comparaciones.
  5. Murió en 1987 –por colapso de pulmones, consecuencia de seudoexperimentos médicos nazis para la Luftwaffe con presiones altas y bajas que simulaban el vuelo (bit.ly/3uhpfGk)– y yo tuve una sola conversación con él al respecto. En esencia, su tema era el «perdón» y «olvido», una cuestión muy discutida en la literatura sobre el Holocausto con dos famosos escritores-sobrevivientes, Primo Levi y Jean Améry representando polos opuestos: Levi abogaba por perdonar a los verdugos, Améry decía que esto era imposible. Mi abuelo pensaba igual que Améry. «Esto no tiene perdón», me dijo.
  6. De allí, igual habría dicho que lo de Dachau era «incomparable» (siendo la «comparabilidad» o no, otro tema recurrente respecto a Holocausto y/o el nazismo). Pero el punto de hacer las analogías históricas no es buscar dos situaciones «idénticas», algo de por sí imposible, o argumentar que lo son (algo puede ser horroroso sin ser «otro Holocausto»), sino alertar sobre los peligros y abusos del poder, de modo que –y esa sería mi posición– si «Auschwitz» o «Dachau» no sirven para defender a los más débiles (los migrantes, los refugiados, los colonizados), ¿entonces para qué sirven?
  7. Trump al final tuvo sus campos: sus centros migratorios sí eran comparables a los campos de concentración. No a Dachau o Auschwitz, pero sí, por ejemplo, a los campos transitorios franceses para los españoles republicanos y refugiados judío-alemanes/austriacos que tenían que huir de Hitler y acabaron tratados como «indeseados» (wapo.st/49h0MzG).
  8. Así, los nuevos planes de Trump de construir «campos de detención gigantes», una nueva prohibición musulmana y expulsiones masivas de migrantes (wapo.st/3FWshSD) me hicieron acordar de una segunda postal que si encontré (después) en los papeles familiares y que sí llegó a Łódź desde Dachau a sus destinatarios en… 1972, cuando mi abuelo se fue a visitar el ex campo (sic). La veo como un gesto de burla de un sobreviviente de sus torturadores nazis y sus herederos: «El clima es magnífico», escribía, «la temperatura es alta y los precios también» (véase: bit.ly/3Umfj9b).
  9. Pero esta vez, más que en Trump, esta postal me hizo pensar en Biden que nos iba a salvar de las atrocidades del «Trump-Hitler», pero que dio seguimiento a las mismas políticas migratorias y mantuvo los mismos centros de detención que nadie ya −sobre todo desde el centro liberal− comparaba a «campos de concentración» ni decía que por ello Biden era un «fascista». Biden, que está a punto de implementar la más restrictiva legislación antiinmigrante desde hace décadas (Trump, a pesar de su retórica, nunca logró implementar nada). En 2023, en la frontera murieron 143 migrantes, una cifra récord. ¿Si Trump por su retórica era un «Hitler», disculpen la ingenuidad, quién por sus acciones sería Biden?
  10. El que nos iba a llevar a la Tercera Guerra Mundial (Trump) no metió a Estados Unidos a ninguna guerra imperial y con Biden estamos en la segunda. Según él, las imágenes del ataque de Hamas a Israel, «eran comparables al Holocausto», un historia que, como aseguraba, «había estudiado» llevando a su familia a Dachau en 2015, «para que sus hijos y nietos comprendieran por qué no se puede negar la carnicería» (cbsn.ws/3QABzKd). Palabras sorprendentes de alguien que financia y asiste a (¿comparable con qué?, uno podría preguntar) la carnicería y el genocidio en Gaza, consecuencia directa de la distorsión de la memoria de Auschwitz que acabó protegiendo a los poderosos. Trump es horrible, pero Biden, que obviamente no aprendió nada de su visita a Dachau, es «igualmente peor» y sus acciones en la frontera y en Gaza, en palabras de mi abuelo (liberado por los GI), simplemente «no tienen perdón».

La Jornada