Una mirada desde Mitteleuropa

Por Maciek Wisniewski

Imagen: Víktor Orban. Foto: Aurelien Meunier/Getty Images.

  1. «Viktor Orbán no estaba liderando la derecha en aquel momento. Él mismo era un liberal recalcitrante. Muy anticlerical, muy antinacionalista y muy todo en contra de todo lo que representa ahora. Ambos hemos sido liberales, yo incluso estaba un poco más a la derecha de él en aquel momento, en 1989. Él era líder de un pequeño partido y yo era líder de un gran partido. Y ahora él es líder de un gran partido y líder del país y yo soy el líder de nada» (bit.ly/3UL2D8h). Así, con buena dosis de humor, hablaba en una entrevista reciente de los tiempos cuando la oposición anticomunista húngara estaba tomando el poder, Gáspár Miklós Tamás (1948), uno de los intelectuales más destacados de Hungría y una importante voz política en Europa Central. Filósofo de formación y autor de numerosos libros y artículos, en los 80. ha sido un disidente para convertirse en líder de la Alianza de Demócratas Libres en el parlamento húngaro de 1989 a 1994 y después de un periodo liberal y «romance» con la política mainstream, regresó a sus posiciones marxistas (bit.ly/2UC9Jxd) y hoy es uno de los principales críticos del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán y sus ideas nacionalistas.
  2. Si bien el término «posfascismo» se hizo sonado a partir de los planteamientos de Enzo Traverso (bit.ly/3iOBuUC), ha sido, en efecto, Tamás quien lo conceptualizó, primero ya hace unos 22 años (sic), mirando sobre todo el desarrollo político en Europa Central, aunque lo acuñó para pensar en prácticas políticas a escala global (bit.ly/3HrBfcm). Para él, el «fascismo clásico» hoy está diluido a raíz de la ausencia de la amenaza comunista y los gobiernos posfascistas en vez de unas formas del totalitarismo se hacen del poder a través de la farsa de las elecciones: esto es lo que el propio Orbán −que el abril pasado ganó su cuarta elección (bit.ly/3uzPAfc)− llama la «democracia iliberal». “El posfascismo −escribe Tamás− halla fácilmente su nicho en el nuevo mundo del capitalismo global sin perturbar las formas políticas dominantes de democracia electoral y gobierno representativo (…). Sin Führer, sin gobierno de partido único, sin los SA o los SS, el posfascismo invierte la tendencia de la Iluminación de asimilar la ciudadanía a la condición humana” (bit.ly/3hcdV7U).
  3. A parte de «posfascismo», Tamás introdujo también el término de «etnicismo«, que va mano a mano con el primero (bit.ly/3ULSMPo). Para él, el etnicismo es el sucesor y a la vez el adversario del nacionalismo: si anteriormente había un drive desde el Estado-nación a homogenizar los grupos étnicos y religiosos, en el capitalismo tardío ya no existe «una razón universalista convincente» para que varios grupos étnicos permanezcan juntos. Las comunidades étnicas buscan, entonces, una unión prepolítica, racial y cultural con su propia forma de autogobierno, pero a diferencia del viejo nacionalismo, lejos de los arreglos conceptuales universalistas y sin elementos ilustrados de la liberación cívica. Con esto los conflictos de clase y problemas sociales no sólo terminan presentados como «étnicos», sino los polos acaban totalmente revertidos: los etnicistas serbios o húngaros −el propio Tamás proviene de una minoría húngara de Rumania− pretenden que «la nación está dondequiera que vivan las personas de su etnia» sin importar la ciudadanía y tratando a los conciudadanos de su Estado-nación como étnica, racial, denominacional y culturalmente «extranjeros» (sic).
  4. Uno de los más preocupantes desarrollos políticos de las últimas décadas, para Tamás, es el generalizado asalto al legado de la Iluminación, sobre todo en cuanto a la idea de la «ciudadanía universal»: la asimilación Iluminista de la ciudadanía a la condición política necesaria y «natural» de todos los seres humanos se ha invertido. Si una vez la ciudadanía fue un privilegio dentro de las naciones, ahora es un privilegio para «alguna parte» de las personas en «algunas naciones» con clases de personas que no merecen los derechos básicos e incluso la categoría de «humanos» para nada por su distinción étnica, racial o sexual. No extraña que en las primeras trincheras del anti-Iluminismo ondeando banderas etnicistas está precisamente Orbán (bit.ly/3PcXuoa): no sólo asaltando los derechos civiles básicos o liderando una cruzada europea en contra de los migrantes/refugiados, sino incluso alertando −en puro lenguaje fascista ya sin «pos»− en contra «de la mezcla de razas» (bit.ly/3HpB6GA).
  5. La historia no se repite y −a pesar de las muy propagadas nociones de lo contrario− no ofrece «lecciones» fáciles. Pero como recuerda Tamás frente a una ola de anti-Iluminismo por parte de los gobernantes que precedió la Primera Guerra Mundial hubo quienes −Lenin, Luxemburgo, Trotsky, Korsch o Lukács− sacaron la bandera del internacionalismo. El «cosmopolitismo iluminado» o «federalismo» −lo mejor que se puede sacar hoy− no es lo mismo, pero dado que, según Tamás, la izquierda hoy está igualmente envenenada por el etnicismo que la socialdemocracia por el nacionalismo hace 100 años, urge obrar con lo que hay. El regreso a las «seudodemocracias» de los 20/30 −un generalizado giro de (casi) todos los países de Europa Central, donde la clase alta, media y buena parte de la intelligentsia piensa que el «comunismo» sigue siendo la principal amenaza (sic)− es un retroceso preocupante del que alerta no sólo Tamás, pero también desde hace años por ejemplo Slavoj Žižek (Trouble in Paradise. From the End of History to the End of Capitalism, 2017).

La Jornada