Bolívar y San Martín en Guayaquil

Por José Steinsleger

Uno. Ni antes ni después, el mundo registra un acontecimiento similar al de, exactamente, 200 años atrás: el encuentro entre Simón Bolívar y José de San Martín en el puerto de Guayaquil (25-27 de julio de 1822).

Dos. En direcciones opuestas y convergentes, el Libertador venía de galvanizar la independencia de la «Gran Colombia» (Venezuela, Colombia, Panamá, Quito, 1819), en contraste con la más frágil de Perú, proclamada por el Protector de los pueblos libres (Lima, 18 de julio de 1821).

Tres. Previamente, San Martín había enviado a Guayaquil un contingente militar en apoyo del bolivariano Antonio José de Sucre, sitiado en Guayaquil. Ayuda decisiva para su triunfo en la formidable batalla de Pichincha (Quito, 24 de mayo de 1822).

Cuatro. Bolívar entró en Quito el 16 de junio de 1822, y allí conoció a su amor indomable, la volcánica quiteña Manuela Sáenz. Semanas después apareció en Guayaquil, ciudad que anexó como provincia de la Gran Colombia, acabando con el autonomismo de campanario, que dos años antes la habían declarado «independiente».

Cinco. Supervigente, el comentario de Bolívar en carta al patriota guayaquileño José Joaquín Olmedo: “Usted sabe, amigo, que una ciudad con un río no puede formar una nación […] Quito no puede existir sin el puerto de Guayaquil, lo mismo que Cuenca y Loja […] Maracaibo ha dado el ejemplo de lo que se debe hacer, y no ha imitado a Guayaquil” (enero de 1822).

Seis. El encuentro entre ambos titanes de las guerras independentistas fue a puerta cerrada. No hubo actas. Por esto, las conjeturas acerca de lo platicado en la «Perla del Pacífico», menudearon durante 191 años.

Siete. Las versiones más difundidas sostenían que Bolívar y San Martín discutieron el futuro de Guayaquil, y la independencia sudamericana. Negativo. En 2013, el historiador colombiano Armando Martínez Garnica encontró una carta mal clasificada en el Archivo Nacional de Ecuador, escrita por el general José Gabriel Pérez, secretario general de Bolívar.

Ocho. Martínez Garnica señala que el Libertador dictó a Pérez el resumen de la entrevista, dirigido a Sucre. El documento arroja luz sobre el «misterio» de lo platicado, y mostrando que en momento alguno se discutió qué modelo de gobierno convenía a los pueblos liberados, si el republicano o el monárquico.

Nueve. El diálogo fue propio de militares, y versó sobre la campaña en Perú, donde los terratenientes desconfiaban de San Martín a causa de las primeras medidas que tomó: supresión de la mita, abolición del tributo y fin a los servicios personales obligatorios que los indígenas prestaban a los terratenientes. Medidas similares a las reformas sociales de Bolívar en Venezuela

Diez. Bolívar convalida las interpretaciones del revisionismo histórico argentino, al decir que los compañeros de armas en Lima y el gobierno de Buenos Aires (probritánico) le estaban soltando la mano a San Martín. Quien a su vez confesó que ya no tenía ni las fuerzas ni el apoyo militar para la victoria final sobre los españoles, «que contaban autoridad en el virreinato más rico y una aristocracia opuesta a la república».

Once. Por su carácter y temperamento, el Libertador de Argentina, Chile y Perú desistió de aceptar la oferta de Bolívar: ser su «segundo al mando», en la campaña de Perú. Sin embargo, desde Lima, San Martín escribió al confiado Bolívar: “No se deje caer en engaños, general. Las noticias que usted tiene sobre las fuerzas realistas son erróneas […] Los intrigantes y ambiciosos sembrarán la discordia”.

Doce. En Ayacucho (sur de Perú), los ejércitos de la Gran Colombia sellaron la derrota del imperio español en América (9 de diciembre de 1824). Sin embargo, la profecía de San Martín se cumplió.

Trece. En el terreno militar, Bolívar se alzó con los laureles y los pueblos cantaron victoria. Pero en el político, los «aldeanos vanidosos» desbarataron la causa de la Patria Grande.

Catorce. El encuentro de Guayaquil tuvo lugar en la céntrica vivienda familiar del banquero español Manuel Antonio Luzarraga, ubicada frente al malecón de la ciudad. La casa fue demolida a finales del siglo XIX y en el predio se erigió el legendario banco La Previsora, que funcionó durante decenios.

Quince. Adherida al edificio, una pequeña placa de bronce evoca aquel momento sin parangón. Momento crucial que la posteridad transformó en quimera.

La Jornada

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